NO CREO EN LA HOMEOPATÍA.
Algunas personas acuden a la consulta de un homeópata animadas por conocidos o familiares que han experimentado un tratamiento con éxito, pero no están convencidas de que esta medicina desconocida pueda ayudarles. En ocasiones, desde el primer saludo lo primero que me dicen es "doctora, estoy aquí, pero no creo en la homeopatía". Yo les respondo siempre. "yo, tampoco". Como se sorprenden, añado que yo no tengo una relación creencial con la homeopatía. Soy médica, tengo una sólida formación y muchos años de experiencia y debo estudiar cada caso para saber el tratamiento que voy a indicar a cada paciente. Además, aprovecho la ocasión para introducir un momento de reflexión sobre lo que implica decir que creemos o no en algo. La mayoría de las veces lo que queremos expresar es que desconocemos algo, pero entonces no podemos afirmar que creemos o no en lo que desconocemos. Las cosas existen con independencia de que las comprendamos o las ignoremos y, sobre todo, no precisan de nuestro conocimiento para existir. Pondré un ejemplo muy simple. ¿Qué diríamos de un ciego que manifiesta que no cree en el color rojo porque no lo puede ver? Del mismo modo, desconocemos muchas cosas y eso no nos autoriza a negar su existencia, ni es motivo suficiente para que creamos o no en ellas. En todo caso, lo más prudente es obtener información y, si es posible, experiencia para situarnos con criterio.
La homeopatía es un método terapéutico que tiene unas bases teóricas diferentes de las de la medicina convencional, unos principios de aplicación y unos límites. Si el médico homeópata tiene en cuenta todo esto, puede indicar el tratamiento homeopático de forma correcta y obtener un resultado satisfactorio, pero no es necesario un acto de fe para que la homeopatía funcione.
Algunos detractores de la homeopatía afirman que ésta funciona por el efecto placebo, es decir, introducen un factor irracional como condición necesaria para que el medicamento actúe. La realidad es que los excelentes resultados que se obtienen con la homeopatía tanto en el caso de los niños muy pequeños como en la veterinaria echan por tierra este argumento, pero también los casos en los que un medicamento no ha sido bien indicado y, por tanto, no se consiguen los resultados esperados, ya que entonces hay que cambiar el remedio o corregir su potencia y dosis para que se produzca el efecto adecuado.
FUENTE: Libro "Doctora, y esto que me ha dado, ¿para qué es?, de la dra. Inmaculada González-Carbajal García
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